domingo, 28 de febrero de 2016

Los derechos perdidos de los trabajadores (II)

Guayadeque Digital / www.guayadequedigital.es
OPINIÓN
Carlos Gustavo Rivero Quintana (*)
Con casi un 80%  (77,9%) el paro sigue siendo con diferencia la principal preocupación de los españoles, según el último barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas).

Los últimos datos auguran un ligero incremento del empleo, sin que esto implique, necesariamente, la calidad en el mismo. Muchos son los datos que avalan la anterior información: en enero de este año el Consejo de Europa nos suspendía en seis puntos, y de manera especial en lo relacionado con los salarios de los menores de 18 años (que en ocasiones puede llegar a ser hasta un 60% menos que el salario mínimo de un adulto).

Además, el comité de derechos sociales afirmaba que nuestro país incumplía con la carta de derechos sociales en lo referente a la protección legal y económica que el Estado otorga a las familias, "ya que no habían recibido toda la información requerida"; la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en su informe  "Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2016" prevé que el paro bajará en España en 2016 (al 21,5%) y en 2017 (al 21,3%). 

"La creación de empleo sigue sin resolver uno de los grandes problemas en la economía española, a saber, la dualidad del mercado de trabajo español ya que la tasa de temporalidad interanual sube del 24,6 % en el tercer trimestre de 2014 al 26,2% en el mismo trimestre de 2015", y en palabras de Raymond Torres (del departamento de investigación de la OIT): "el desempleo de larga duración (en nuestro país es superior al 20%), con desempleados de más 12 meses que están sin empleo y muchos de ellos no tienen una prestación. Esto es preocupante".

Otros datos no son tan alentadores, a pesar del incremento de contrataciones: en los dos últimos años se ha creado poco menos de un tercio del empleo que se destruyó en los últimos siete en que descendió, de tal forma que tenemos más de dos millones menos de asalariados que hace ocho años; en 2015 se firmaron 17,9 millones de contratos temporales y a tiempo parcial frente a los 20,6 millones de 2007, de igual modo según los datos de contratación del Ministerio de Empleo, la duración media de los contratos temporales y a tiempo parcial es de 53,4 días en 2015 frente a los 79 días en 2006; según los datos de la última EPA (Encuesta de Población Activa), las horas extraordinarias no cobradas por los trabajadores alcanzaron el año pasado su máximo desde 2008, y es que cada semana de 2015 se trabajaron una media de 3,5 millones de horas fuera de la jornada laboral que no se retribuyeron (con menos horas trabajadas y menos ocupados que los últimos siete años); según el Sr. José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que señala que los dos grandes problemas del mercado laboral español son “la temporalidad y el paro de larga duración”.

 “Con esos números, el año pasado se firmó más de un contrato por cada ocupado. Si al menos el paro fuera estructural, vale, habría mucha rotación, pero no habría desempleo. Pero el paro está por encima del 20%”; "etcétera, etcétera, etcétera".

Antes de la crisis económica mundial, estar trabajando era sinónimo de estabilidad y bienestar, en la actualidad, y cada vez más, nos encontramos con los denominados trabajadores pobres. Paradoja, NO, realidad. Los datos así lo corroboran y la devaluación salarial es un hecho, de tal modo que según el sindicato UGT (en febrero de este año, y según el último dato publicado por la Agencia Tributaria y referido a 2014), entorno a unos 5,9 millones de personas (35% de los asalariados) cobran menos del SMI (Salario Mínimo Interprofesional (655,20 euros al mes)), y afirman que en la última legislatura dicho SMI solo ha aumentado en 7,2 euros. Datos muy distintos a los recogidos en la Encuesta de Estructura Salarial del INE (Instituto Nacional de Estadística) que los rebaja a un 12,25 %.

Estos datos dejan al descubierto que la actual "reforma laboral", ha aumentado la precariedad y la temporalidad absoluta, y deja al descubierto importantes carencias estructurales en nuestro país. Con una economía que pivotaba, principalmente entre el turismo y la construcción, desatendiendo otros sectores productivos (sobretodo el primario), y la apuesta por diversificar nuestro modelo productivo y la inversión en I+D (Investigación y Desarrollo).

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